La Bola Negra (2026) es una película ambiciosa, extraña, bellísima y profundamente personal, de esas que no se parecen demasiado a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine actual y que, precisamente por eso, terminan adquiriendo una personalidad propia.
El argumento parte de una idea muy potente: las vidas de tres hombres pertenecientes a tres épocas distintas terminan conectadas a través de la sexualidad, el deseo, el dolor, la herencia y una de las últimas obras de Federico García Lorca, La bola negra, una pieza que el poeta dejó inacabada. Los Javis utilizan ese material como punto de unión entre diferentes generaciones y convierten esas tres historias en algo más que relatos independientes. Poco a poco vamos entendiendo que existe una conexión emocional y temática entre ellas: el tiempo cambia, pero determinados conflictos humanos permanecen.
La estructura de las tres historias es fundamental. Los Javis no se limitan a contar tres relatos relacionados de manera superficial, sino que buscan que exista una especie de diálogo entre ellos. Las épocas son diferentes, las circunstancias cambian y también lo hace la manera de enfrentarse al deseo y a la identidad, pero hay heridas que permanecen.
La sexualidad y el deseo son elementos clave, pero la película no se queda únicamente ahí. También habla del miedo, de aquello que se oculta, de lo que se hereda y de las consecuencias que determinadas decisiones pueden tener muchos años después. Existe una especie de memoria emocional que atraviesa las tres tramas.
Ahí reside una de las grandes virtudes del film: la manera en la que consigue entrelazarlas. Al principio pueden parecer caminos separados, incluso con tonos diferentes, pero conforme avanza el metraje todo va adquiriendo sentido. Las piezas terminan encajando y el conjunto funciona realmente como un tiro.
En relación con Lorca, La bola negra funciona como una presencia que sobrevuela toda la obra. No es simplemente una pieza teatral utilizada como excusa argumental, sino un símbolo de todo aquello que quedó pendiente, de lo que no pudo decirse y de las historias que fueron silenciadas. La película consigue que esa herencia tenga una dimensión cinematográfica y emocional: el pasado no está realmente muerto, sino que continúa afectando al presente.
De las tres historias, hay una que para mí sobresale claramente por encima de las demás: la protagonizada por Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau y con un rato de Penélope Cruz impresionante. Es, directamente, una obra maestra dentro de la propia película.
Los tres están sublimes, dignos de ovaciones y de premios. Guitarricadelafuente sorprende muchísimo, y junto a Miguel Bernardeau y Penélope Cruz consigue construir la parte más poderosa de todo el metraje.
Penélope Cruz vuelve a demostrar por qué es una actriz extraordinaria cuando tiene delante un material que le permite ir más allá de lo convencional. Hay una intensidad en su interpretación que resulta difícil de ignorar, pero lo realmente importante es que los tres actores consiguen que la historia funcione emocionalmente.
Esta parte me parece tan buena que, inevitablemente, hace que las otras dos parezcan algo menos extraordinarias por comparación. Pero eso no significa que funcionen mal; se complementan perfectamente, aunque esta segunda historia alcance un nivel superior.
Otro de los grandes aciertos de La bola negra es la música. La banda sonora me parece brutal y tiene una importancia enorme dentro de la experiencia. Los Javis entienden muy bien que la música puede convertirse en parte de la narración y no limitarse a acompañarla.
Y después están los dos números musicales de Penélope Cruz, que me parecen espectaculares. Son de esos momentos que justifican por sí solos la experiencia de ver una película en una sala de cine, no solo por lo que ocurre en pantalla, sino por la manera en que imagen, interpretación y música se unen para producir una emoción concreta.
La película tiene varios momentos capaces de emocionar de verdad, de esos que te ponen la piel de gallina. No necesito que una obra me haga llorar para considerar que es emocionante; lo que busco es que consiga provocarme algo, que haya imágenes o situaciones que continúen en mi cabeza después de abandonar la sala. La bola negra lo consigue en bastantes ocasiones.
Yo ya había disfrutado muchísimo con La Veneno y también con La Mesías, así que esperaba bastante de los directores. Sin embargo, aquí creo que dan un paso más cinematográfico. Hay una voluntad evidente de hacer una película grande, de construir ambientes y momentos que permanezcan en la memoria.
Se quedan grabadas imágenes por su belleza, otras por su crudeza y otras simplemente por la emoción que transmiten. En un momento en el que muchas producciones parecen estar construidas siguiendo fórmulas reconocibles, encontrarse con un trabajo que tiene una identidad tan marcada resulta especialmente estimulante.
Tiene personalidad, arriesga, tiene una estética propia y una estructura particular. Para mí, además, está claramente por encima de El ser querido y Los domingos, dos películas que también he visto y que me han interesado, pero que no me han producido la misma sensación de grandeza cinematográfica que esta.
¿La mejor película del año?
Después de verla, me resulta muy difícil no pensar que La bola negra puede ser una de las películas del año, y no solamente en España. A nivel general y mundial me parece una propuesta con argumentos suficientes para estar entre las grandes obras de este año.
Por eso tampoco me sorprenden las previsiones que hablan de 11 o incluso 14 nominaciones al Óscar. Me parece comprensible que una producción de este calibre pueda aspirar a semejante reconocimiento. Después, evidentemente, serán los académicos quienes decidan, pero la ambición cinematográfica está ahí.
Los Javis consiguen convertir todo esto en una experiencia cinematográfica de casi tres horas que, sorprendentemente, a mí se me pasó volando.
En definitiva, no se la pierdan en los cines. Y, si pueden elegir, véanla en la pantalla más grande posible. Hay películas que pueden verse perfectamente en casa y hay otras que piden una sala grande de cine. Su fotografía, su sonido, su música, sus números musicales y la dimensión de sus escenas lo merecen. Yo salí de la sala con la sensación de haber visto cine del bueno, arriesgado y con una personalidad enorme. Una de las grandes películas del año y una de las experiencias cinematográficas más importantes que he tenido recientemente.
No se la pierdan.

