Mi Top 10 de Johnny Cash: los diez álbumes que más amo del Hombre de Negro
Hay artistas que gustan, artistas que admiras y artistas que terminan formando parte de tu vida. Para mí, Johnny Cash pertenece a la tercera categoría. No es simplemente uno de mis cantantes favoritos, sino el que más: es uno de esos músicos a los que puedo volver una y otra vez y encontrar algo diferente dependiendo del momento en el que escuche sus canciones.
Su voz es, por supuesto, una de las grandes razones. Esa voz grave, seca, profunda, aparentemente sencilla pero absolutamente inconfundible. Pero Cash era mucho más que una voz. Era un narrador extraordinario, un intérprete capaz de convertir una canción ajena en algo completamente suyo y un artista que podía cantar sobre presos, delincuentes, religión, amor, culpa, muerte, soledad, redención o carretera con una naturalidad que muy pocos han conseguido.
Además, su carrera tiene algo que me fascina especialmente: parece contener varias vidas diferentes dentro de una misma vida artística. Está el Johnny Cash de Sun Records, el pionero del rockabilly; el Cash de los grandes éxitos de los años sesenta; el Hombre de Negro de las cárceles y los escenarios; el Cash de los Highwaymen; y, finalmente, el artista crepuscular de la serie American Recordings, convertido en una figura todavía más poderosa precisamente cuando su voz ya mostraba el peso de los años.
He elegido estos diez discos siguiendo mi propio orden de preferencia. No pretende ser una clasificación objetiva de toda su discografía, sino mi Top 10 personal de Johnny Cash, con algunos de los álbumes que más representan lo que busco cuando escucho al Hombre de Negro.
1. At San Quentin (Legacy Edition) — 1969
Si tengo que elegir un solo disco de Johnny Cash para llevarme a una isla desierta, probablemente sería este.
At San Quentin representa a Cash en uno de esos momentos en los que parece imposible separar al cantante del personaje. El álbum original se publicó en 1969, después del extraordinario éxito de At Folsom Prison, y la edición Legacy Edition recupera mucho más material de aquella histórica actuación. La edición de Legacy fue publicada en 2006 e incluye dos CD con 31 interpretaciones, además de un documental en DVD.
El concierto tuvo lugar en la prisión estatal de San Quentin, California, el 24 de febrero de 1969, y Cash estaba acompañado por músicos fundamentales de su trayectoria, además de June Carter y otros miembros de su entorno musical.
Lo que me encanta de este disco es que no parece un concierto convencional. Cash no está simplemente cantando canciones delante de un público. Está dialogando con él, provocándolo, riéndose, enfrentándose a él y convirtiendo la propia prisión en parte de la música.
Y aquí están algunas de las canciones que para mí hacen imprescindible esta edición.
“I Walk the Line” es una maravilla porque Cash puede interpretar una canción que ya conocemos de memoria y hacer que vuelva a sonar como algo nuevo. La interpretación tiene esa seguridad de quien sabe perfectamente quién es y qué quiere transmitir.
“Big River” es otro de mis grandes momentos. En la Legacy Edition aparece como una interpretación en directo, y es una demostración perfecta del Cash más clásico: ritmo, guitarra, voz y una historia contada con una economía de medios extraordinaria. La propia discografía oficial confirma su inclusión en la edición Legacy.
Y luego está “San Quentin”, probablemente una de las canciones que mejor resumen la personalidad de este concierto. Cash canta sobre la prisión desde dentro del escenario, pero al mismo tiempo parece estar cantándosela directamente a quienes tiene delante. La canción aparece incluso en una repetición, lo que demuestra hasta qué punto el momento había adquirido una dimensión especial.
Pero si hay una canción que se convirtió en fenómeno popular es “A Boy Named Sue”. Es divertida, agresiva, teatral y absolutamente Cash. La interpretación fue un enorme éxito y llegó hasta el número dos de la lista pop estadounidense.
Y tampoco puedo olvidarme de “Ring of Fire”, “Jackson”, “Folsom Prison Blues” o “Orange Blossom Special”.
Este disco demuestra que Johnny Cash podía convertir una prisión de máxima seguridad en uno de los escenarios más memorables de la historia de la música.
Para mí, el número uno.
2. American IV: The Man Comes Around — 2002
Aquí aparece otro Johnny Cash completamente diferente.
Si San Quentin representa al Cash joven, desafiante y eléctrico, American IV: The Man Comes Around representa al Cash anciano, reflexivo, oscuro y espiritual.
Publicado el 5 de noviembre de 2002, fue el cuarto álbum de la serie American Recordings producida por Rick Rubin.
Y este disco tiene una importancia enorme porque demuestra que Cash no necesitaba recuperar su pasado para seguir siendo relevante. Podía coger canciones de otros artistas y hacerlas sonar como si siempre hubieran pertenecido a su propia historia.
La canción que da título al álbum, “The Man Comes Around”, es impresionante. Cash utiliza imágenes bíblicas y apocalípticas para construir una canción que parece una especie de profecía. La interpretación vocal tiene una gravedad extraordinaria.
Pero evidentemente hay que hablar de “Hurt”.
La canción originalmente pertenece a Nine Inch Nails, pero la versión de Cash adquirió una dimensión completamente distinta. No parece simplemente una versión. Parece una confesión. La edad, la fragilidad de la voz y todo lo que sabemos de la vida de Cash hacen que cada palabra adquiera un peso enorme.
Y eso es precisamente lo extraordinario: Cash no necesita cantar más fuerte. Canta con menos recursos y consigue muchísimo más.
También destacaría “I Hung My Head”, una canción de Sting que Cash convierte en una historia sombría, casi cinematográfica. Su forma de narrar canciones es uno de sus mayores talentos.
El repertorio incluye además “Personal Jesus”, “In My Life”, “Desperado”, “Bridge Over Troubled Water” y “First Time Ever I Saw Your Face”.
American IV es uno de esos discos que crecieron todavía más con el paso del tiempo.
3. At Folsom Prison (Legacy Edition) — 1968
Si San Quentin es mi número uno, Folsom está inevitablemente en el podio.
El concierto original se grabó el 13 de enero de 1968 en la prisión estatal de Folsom, California, y el álbum se publicó ese mismo año.
La Legacy Edition amplía enormemente la experiencia original y permite acercarse a aquellos conciertos de una manera mucho más completa.
Aquí está uno de los Johnny Cash que más me gustan: el narrador de historias criminales y carcelarias, pero también el músico de directo capaz de convertir una actuación en un acontecimiento.
“Folsom Prison Blues” es imprescindible. La canción ya era uno de los grandes clásicos de Cash, pero interpretada delante de los presos adquiere una energía diferente.
Después está “Cocaine Blues”, absolutamente explosiva. Cash se mueve entre el humor negro y la violencia de la historia con una naturalidad impresionante.
“25 Minutes to Go” es otro de mis momentos favoritos. La canción tiene una cuenta atrás que funciona casi como una pequeña película. Cash consigue que el paso del tiempo sea parte de la música.
Y entonces llega “The Wall”, otra de esas canciones carcelarias que parecen hechas específicamente para ese escenario.
También están “Jackson”, “Orange Blossom Special”, “I Still Miss Someone”, “Green, Green Grass of Home” y “Greystone Chapel”. La edición Legacy contiene además material procedente de los dos conciertos celebrados aquel día.
Lo fascinante es que Folsom no parece un documento histórico muerto. Sigue teniendo vida.
Cuando escucho a Cash decir determinadas cosas al público y después arrancar con una canción, parece que estamos allí.
4. American III: Solitary Man — 2000
Este es uno de los discos de la etapa final que más me gustan.
Publicado el 17 de octubre de 2000, American III: Solitary Man continúa la colaboración entre Johnny Cash y Rick Rubin.
El propio título me parece perfecto para Cash.
“Solitary Man” es exactamente el tipo de canción que parece diseñada para su voz. Hay una sensación de aislamiento, experiencia y cansancio que Cash entiende perfectamente.
Después tenemos “I Won't Back Down”, de Tom Petty. La interpretación tiene una fuerza especial precisamente porque Cash ya no necesita demostrar nada. La canción se convierte en una declaración de resistencia.
Y “One”, de U2, es otro de los grandes momentos.
Me gusta mucho cómo en estos discos Cash consigue apropiarse de canciones que originalmente pertenecen a otros artistas. No intenta imitar sus versiones originales. Hace algo mucho más interesante: las pasa por el filtro de su propia vida.
El álbum también contiene “I See a Darkness”, “The Mercy Seat”, “Nobody”, “That Lucky Old Sun”, “Field of Diamonds” y “Wayfaring Stranger”.
Pero para mí, el corazón del disco está en ese trío:
“I Won't Back Down”
“Solitary Man”
“One”
Es un Cash crepuscular, pero nunca derrotado.
5. Out Among the Stars — 2014
Aquí tenemos una historia muy especial.
Out Among the Stars se publicó en 2014, pero no se trata de un álbum grabado originalmente en ese año. Son grabaciones de Johnny Cash realizadas durante los años ochenta que permanecieron inéditas durante décadas. Fueron redescubiertas al revisarse los archivos de Cash y June Carter Cash.
Eso hace que el disco tenga una personalidad muy particular.
No estamos ante el Cash de American Recordings, pero tampoco ante una simple recopilación de canciones antiguas. Es un auténtico álbum perdido.
Entre mis favoritas está “She Used to Love Me a Lot”, una canción en la que Cash vuelve a demostrar su enorme capacidad para interpretar historias de relaciones rotas.
También destacaría “I Came to Believe”, escrita por el propio Cash. Aquí aparece su dimensión espiritual, algo que siempre estuvo presente en su música.
Y “I'm Movin' On”, interpretada junto a Waylon Jennings, es otra maravilla. El encuentro entre ambos representa perfectamente la tradición del country de Cash.
El repertorio también incluye “Baby Ride Easy”, junto a June Carter Cash, “Tennessee”, “Rock and Roll Shoes” y “Don't You Think It's Come Our Time”.
Lo que más me gusta de Out Among the Stars es que permite descubrir otro Johnny Cash, uno que había quedado escondido en los archivos.
Y eso, tratándose de un artista con una discografía tan enorme, es un auténtico regalo.
6. American V: A Hundred Highways — 2006
Si American IV es el gran disco crepuscular de Cash, American V es todavía más difícil de escuchar sin sentir el peso de su historia.
Fue publicado en 2006, después de la muerte de Johnny Cash, y reúne grabaciones de su última etapa.
Aquí su voz ya no intenta esconder absolutamente nada.
Y por eso funciona.
“God's Gonna Cut You Down” es probablemente la canción más contundente del álbum. El ritmo, las palmas, la percusión y esa voz hacen que parezca una sentencia.
Es una interpretación absolutamente reconocible desde el primer segundo.
Después está “Love's Been Good to Me”, que me parece uno de los momentos más delicados del disco. Cash transforma la canción en algo mucho más melancólico, como si estuviera haciendo balance de una vida entera.
También hay que mencionar “Like the 309”, escrita por el propio Cash y especialmente significativa dentro de su último repertorio, además de “Further on Up the Road”, “I Came to Believe”, “Four Strong Winds” y “I'm Free from the Chain Gang Now”.
Pero vuelvo siempre a las dos que más destacaría:
“God's Gonna Cut You Down”
y
“Love's Been Good to Me”.
La primera tiene la fuerza del mito.
La segunda, la humanidad.
7. Songs of Our Soil — 1959
Aquí viajamos hasta los primeros años de Johnny Cash. Disco poco conocido y a reivindicar.
Songs of Our Soil fue publicado en 1959 y pertenece a una etapa en la que Cash estaba construyendo todavía los cimientos de lo que terminaría siendo su enorme carrera. La web oficial sitúa su lanzamiento el 1 de septiembre de 1959.
Es un disco que me gusta muchísimo porque muestra al Cash más cercano a la balada tradicional, el folk, las historias rurales y la muerte.
Y aquí quiero destacar especialmente las canciones que has elegido.
“Drink to Me” abre el álbum y establece inmediatamente ese tono antiguo y narrativo.
“Hank and Joe and Me” es una historia de supervivencia y tragedia que demuestra el enorme talento de Cash para contar historias en apenas unos minutos.
“The Man on the Hill” también tiene esa mezcla de religiosidad, soledad y narración que aparece continuamente en su primera época.
Pero hay una canción que me parece especialmente importante:
“The Caretaker”.
Es una de esas pequeñas joyas que demuestran por qué Cash era mucho más que un cantante de country. La historia del cuidador del cementerio que se pregunta quién llorará cuando él muera tiene una sencillez tremenda. La propia información oficial describe la canción como un relato moral sobre un hombre que se ha apartado del mundo y se pregunta quién le recordará.
Y luego tenemos “My Grandfather's Clock”, una canción aparentemente sencilla pero perfectamente adaptada a esa manera de cantar de Cash.
Songs of Our Soil es un disco más pequeño en escala que Folsom o American IV, pero para mí tiene algo fundamental: la esencia.
Aquí todavía podemos escuchar a Johnny Cash construyendo su universo.
8. The Highwaymen Live – American Outlaws — 2016
Este puesto tiene una particularidad: no es solamente un disco de Johnny Cash, sino un documento de The Highwaymen.
Y eso lo hace todavía más especial.
The Highwaymen reunieron a cuatro gigantes del country: Johnny Cash, Willie Nelson, Waylon Jennings y Kris Kristofferson. La caja The Highwaymen Live – American Outlaws se publicó en 2016, pero su núcleo principal procede del concierto celebrado en el Nassau Coliseum de Nueva York el 14 de marzo de 1990.
Y cuando tienes juntos a Cash, Nelson, Jennings y Kristofferson, evidentemente hay que olvidarse durante un momento de cualquier clasificación individual.
Aquí lo que importa es el conjunto.
Entre las canciones más memorables está “Ring of Fire”, que adquiere una nueva dimensión interpretada por los cuatro.
Pero también tenemos auténticos clásicos como “Highwayman”, “Mystery Train”, “Mammas Don't Let Your Babies Grow Up to Be Cowboys”, “Good Hearted Woman”, “Amanda”, “Folsom Prison Blues” y “Blue Eyes Crying in the Rain”.
Y eso es lo que me gusta especialmente de este directo: puedes escuchar a cuatro personalidades enormes compartiendo escenario sin que ninguna necesite imponerse.
Cash aporta su voz y su presencia.
Willie aporta su particular manera de frasear.
Waylon tiene esa personalidad inconfundible del outlaw country.
Y Kristofferson aporta su dimensión de compositor y narrador.
Por eso este álbum tiene que estar en mi Top 10.
9. I Walk the Line — 1964
Y aquí llegamos a uno de los discos que mejor representan al Johnny Cash clásico.
I Walk the Line fue publicado el 13 de junio de 1964.
El título ya dice muchísimo.
Porque “I Walk the Line” no es solamente una canción famosa. Es una de las piezas fundamentales de toda la carrera de Cash y probablemente una de las canciones que mejor definen su identidad.
La interpretación tiene una sencillez absoluta.
Y precisamente por eso funciona.
Después tenemos “Folsom Prison Blues”, otra pieza esencial de su repertorio. Es fascinante comprobar cómo Cash podía construir una personalidad completa alrededor de unas pocas notas, una guitarra y aquella voz.
También está “Understand Your Man”, que me parece especialmente interesante porque muestra otra faceta del Cash de aquella época: más relajada, pero manteniendo intacto su estilo.
El álbum incluye además “Give My Love to Rose”, “Hey, Porter”, “I Still Miss Someone”, “Big River” y otras canciones fundamentales de su repertorio.
Este disco ocupa el noveno lugar en mi lista, pero eso no significa que lo considere menor.
Todo lo contrario.
Es uno de esos álbumes que sirven para recordar una cosa:
antes de convertirse en leyenda, Johnny Cash ya era Johnny Cash.
Su personalidad estaba completamente formada.
10. Orange Blossom Special — 1965
Cierro mi Top 10 con otro disco fundamental de su etapa clásica.
Orange Blossom Special fue publicado en 1965 y llegó hasta el puesto 49 del Billboard 200.
Y aquí tengo dos canciones que explican perfectamente por qué este disco está dentro de mis diez favoritos.
La primera es la propia “Orange Blossom Special”.
Es puro movimiento.
Es una locomotora.
Es velocidad, ritmo y energía.
Cash consigue que la canción parezca avanzar físicamente, como si estuviéramos dentro de ese tren.
Pero si hay una canción que me parece especialmente importante es “It Ain't Me Babe”, la versión de Bob Dylan.
Me encanta que Cash escogiera una canción de Dylan y la hiciera completamente suya. La canción fue publicada como sencillo y llegó al número 58 de Billboard Hot 100.
Además, esta relación entre Cash y Dylan es especialmente significativa dentro de la historia de la música estadounidense. Ambos compartieron una admiración mutua y terminarían colaborando en diferentes momentos de sus carreras.
El álbum también incluye “Long Black Veil”, además de otras piezas que demuestran la extraordinaria versatilidad de Cash.
Y terminar la lista con Orange Blossom Special me parece perfecto porque representa al Cash que siempre me ha gustado: el Cash directo, reconocible, rítmico y absolutamente personal.











